Tres días después del más absoluto caos en la Universidad Autónoma de Barcelona, encuentro el primer momento para escribir unas líneas. Los Joves de SCC hemos vuelto a ganar la batalla a los violentos. Este es uno de esos artículos que uno redacta sabiendo, de antemano, el título que va a presidir el escrito. No es que pretenda crear una falsa imagen de lo sucedido, ni que quiera atribuir a los hechos un titular sensacionalista, sino que es simplemente la realidad. Les hemos ganado la batalla, y ya van cinco victorias consecutivas de cinco batallas. Cinco de cinco. Me explico.

Como muchos de ustedes sabrán, la UAB ha estado algo revuelta estos días. De hecho lleva removida desde que los Joves de SCC nos instalamos en la Universidad. De esto parece que ha pasado mucho tiempo, pero la realidad es que no llevamos ni un año y, como les decía, en nuestro currículo colectivo podemos colgar 5 medallas como 5 soles de grandes.

Todo empezó hace menos de un año. El punto de inicio de esta tensa y lamentable historia tiene su origen en una de esas primitivas reuniones que los jóvenes de Societat Civil Catalana acostumbramos a desarrollar en nuestra sede. Para entonces todo eran proyectos, ideas -algunas descabelladas fruto de nuestra inexperiencia- planes y estrategias. Me acuerdo, incluso, que llegamos a valorar la posibilidad de que los jóvenes se constituyeran bajo un nombre diferente al de Societat Civil Catalana. En fin, anécdotas que, afortunadamente, no tuvieron ninguna trascendencia.

En una de esas reuniones llegamos a la conclusión de que nuestra lucha debía estar en las universidades. Conocíamos el terreno (o eso pensábamos), las personas, las hándicaps y, también, los inconvenientes, y nos creíamos con la obligación de lograr ser influyentes en esos espacios.

En una de esas reuniones llegamos a la conclusión de que nuestra lucha debía estar en las universidades. Conocíamos el terreno (o eso pensábamos), las personas, las hándicaps y, también, los inconvenientes, y nos creíamos con la obligación de lograr ser influyentes en esos espacios. Nuestra ilusión era proporcional a la preocupación que nos generaba el transcurso del prusés. A más preocupación, más ganas de hacer las cosas bien. Más ganas de organizar actividades que nos permitieran revertir un escenario tan complicado y sectario como el que estábamos -y estamos- viviendo. Nuestro objetivo era el de ser decisivos, crear influencia y que esta se trasladara a las urnas en modo de votos a partidos constitucionalistas. Y, a día de hoy, lo estamos logrando.

Disculpen si me he desviado, han sido días de muchas emociones… Poco después de esa reunión unos cuantos jóvenes que estábamos en el grupo de Joves y, al mismo tiempo, en la Universidad Autónoma de Barcelona -no muchos; dos, tres quizá- nos dirigimos al centro de gestión de colectivos y nos constituimos. Para entonces eramos 2 o 3 jóvenes. A día de hoy, pese a la violencia de grupos extremistas, somos más de 30 los que estamos en contacto y comentando la jugada, estratégicamente hablando, bajo el nombre de Joves de Societat Civil Catalana UAB.

Vivimos largos momentos de tensión entre gritos de fora nazis de la UAB y vivas a la banda terrorista Terra Lliure. Disponemos de grabaciones detalladas de todo lo que sucedió, por si alguien se otorga el beneficio de la duda y quiere corroborarlo.

Aunque el trabajo detrás del telón es sustancioso y no es oro todo lo que reluce, creo que hemos logrado meter 5 goles de los buenos a la secta de hooligans indepes de la Universidad. Me van a tener que perdonar por usar este lenguaje. Después de tanta tensión uno se siente más a gusto introduciendo algún que otro concepto que amenice lo sucedido. El primer chicharro lo metimos el 19 de abril de 2016. Los jóvenes de SCC pusimos nuestra primera carpa en la UAB. Primera pica en Flandes. Aunque tuviéramos que salir por patas tras un ataque con arma blanca dimos una demostración de fortaleza, coraje y valentía. El colectivo de jóvenes no sucumbió al miedo, sino todo lo contrario, pasando de unos 10 a unos 15 miembros. Uno a cero, matones. El segundo chicharro entró “rasita” y centrada. El 22 de abril logramos llevar a cabo la actividad que teníamos prevista aún teniendo la horda de orcos acosándonos desde el fondo de la explanada de la Facultad de Políticas y rodeados de seguridad privada. El tercer gol lo metimos por la escuadra. Gran día ese. El pasado dos de diciembre pusimos una carpa para publicitar la emisión del documental que íbamos a emitir el 13 de diciembre. Ese día sufrimos nuevamente el acoso de los violentos y nos sustrajeron la bandera española, pero logramos repartir más de 500 flyers de nuestro colectivo y no nos achantamos ante las presiones de los hooligans. Os aseguro que fue todo un hito dadas las circunstancias que estamos viviendo, solo decir que entre Mossos y agentes de seguridad había más de treinta personas protegiéndonos.¿Qué vamos? ¿tres a cero?. El cuarto, aunque tras un largo y lamentable intento de agresión de los ultras del SEPC, entró el 12 de diciembre en el momento en que nos logramos quedar hasta las 14 horas en la Plaza Cívica, momento en el que finalizó el permiso que teníamos para nuestra carpa, no sin ser flanqueados, de nuevo, por los antidisturbios. Vivimos largos momentos de tensión entre gritos de fora nazis de la UAB y vivas a la banda terrorista Terra Lliure. Disponemos de grabaciones detalladas de todo lo que sucedió, por si alguien se otorga el beneficio de la duda y quiere corroborarlo.

Y, finalmente, el quinto gol fue sutil al tiempo que expléndido, con lo que se merece un párrafo a parte. Si buscamos una comparación futbolística creo que sería correcto decir que entró de penalti a lo Panenka y, además, en tiempo de descuento. La cuestión es que el 12 de diciembre, a las 23 horas, recibimos un mensaje de uno de nuestros colaboradores en el que aparecía una captura de pantalla. En la imagen, una foto con un texto de los matones. “Hemos okupado la sala de actos”, decía. Y bien, fue en esos instantes cuando nos pusimos manos a la obra. Ya sabíamos que existía esa posibilidad (y muchas otras) dado que los violentos “antifeixistes” llevaban semanas convocando una especie de aquelarre “antifa”, con lo que era obvio que no nos iban a poner las cosas fáciles.

Mientras nosotros nos rompíamos los cuernos pensando una estrategia viable, los okupas estaban pintando un mural contra SCC en la entrada de la sala de actos del edificio Ágora y okupando el espacio. La Rectora no estaba haciendo nada al respecto, con lo que estuve a punto de decirle que por qué no les llevaba unas pastas y un bocadillo, quizá tenían hambre.

A la mañana siguiente, y con tal de buscar alternativas, nos reunimos con la Rectora y la Vicerrectora de la Universidad Autónoma de Barcelona. No voy a revelar nada de esa reunión, solo decir que el diálogo “en positivo” que pretenden llevar a cabo no les va a funcionar con los que no quieren dialogar ni escuchar. Mientras nosotros nos rompíamos los cuernos pensando una estrategia viable, los okupas estaban pintando un mural contra SCC en la entrada de la sala de actos del edificio Ágora y okupando el espacio. La Rectora no estaba haciendo nada al respecto, con lo que estuve a punto de decirle que por qué no les llevaba unas pastas y un bocadillo, quizá tenían hambre.

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Salimos de la reunión habiendo tomado alguna que otra decisión, aunque todo se decidiría más tarde. Los Joves de SCC no revelamos en ningún momento donde nos íbamos a reubicar. No lo haríamos hasta media hora antes del inicio del acto, para que los amigos de la secta no nos reokuparan el local. Con esta estrategia había pros y contras. Muchos de nuestros seguidores no lograron encontrarnos, pero el acto se desarrolló, no sin los gritos de fondo de los violentos, y les ganamos la batalla.

Estuvimos jugando al gato y el ratón durante todo el día. Los violentos habían organizado un “Cercavila Antifeixista”. Me imagino que con dos objetivos. El primero encontrar a “sucios fascistas” y apalearles hasta que se quedaran a gusto (idea no descabellada visto los palos que paseaban). El segundo, dar con nuestra presencia y averiguar donde desarrollábamos el acto finalmente.

Hay un detalle curioso en todo esto, y es que antes del inicio del acto uno de los miembros de seguridad de la UAB (a los que hemos de agradecer profundamente su presencia y la gran labor que realizaron) me comunicó que iba a bajar las persianas para que no identificaran nuestra sala desde el exterior y evitar el lanzamiento de objetos contundentes.

A las 16.30 ya habíamos entrado en la nueva sala y habíamos logrado informar a algunos de nuestros seguidores dónde nos habíamos reubicado (aunque no llegara a todos). La emisión del documental iba a empezar en media hora. Hay un detalle curioso en todo esto, y es que antes del inicio del acto uno de los miembros de seguridad de la UAB (a los que hemos de agradecer profundamente su presencia y la gran labor que realizaron) me comunicó que iba a bajar las persianas para que no identificaran nuestra sala desde el exterior y evitar el lanzamiento de objetos contundentes.

De este modo empezamos el acto. Persianas bajadas, como si de una reunión clandestina, -de las de la etapa franquista- se tratara; cordón de seguridad en la puerta que recordaba la imagen de la película 300, cuando los valientes espartanos se colocan, estratégicamente, en las temópilas para hacer frente a miles de violentos persas; y altavoces al máximo de volumen en la sala para contrarestar los gritos de la secta de hooligans que, para el inicio del acto ya nos habían localizado y estaban montando follón cerca del aula.

El acto fue emocionante. Primero, Fran Jurado; Después, Marita; en tercer lugar, Rafael Arenas; y en último, Dolores Agenjo. Todo presentado y moderado por la flamante responsable de nuestra Universidad, Laura Casado, y bajo la mirada de muchos diputados, concejales y personas de la sociedad civil que se quisieron solidarizar con nosotros y acabar con el silencio.

La ganamos porque logramos llenar una sala de 100 personas en la Universidad Autónoma de Barcelona haciendo uso de algo que, a los violentos, les genera urticaria: el Estado de Derecho.

Digo, señalo y remarco, una vez más, que les ganamos la batalla. Y no me cansaré de decirlo. Llevamos a cabo nuestro acto. Pero no ganamos la jugada por eso. Ni porque fuéramos mejores estratégicamente. La ganamos porque logramos llenar una sala de 100 personas en la Universidad Autónoma de Barcelona haciendo uso de algo que, a los violentos, les genera urticaria: el Estado de Derecho. Es decir, ganamos todos los demócratas. No solo les ganamos la batalla, sino que ademas lo hicimos sin sus formas. Lo hicimos haciendo uso de la legalidad y rechazando cualquier expresión cercana a la violencia. Y a esto lo hemos de repetir tantas veces como sea necesario. Que se entere todo el mundo: Les ganamos la batalla democrática en esta, y en cada una de las ocasiones.

Se debe saber que esta victoria ha sucedido y que ha sido gracias a la acción del Estado español, la contundencia de la sociedad y la determinación del Estado de Derecho, pues una derrota sin vencidos, es una victoria de los perdedores.

Hay una frase que siempre tengo muy en mente y que la dijo el primer ministro británico al ejecutivo español cuando ETA hizo un amago de dejar las armas. El gobierno inglés tenía experiencia en estas cuestiones dado que había luchado contra el IRA-P, grupo terrorista irlandés amigo de la banda armada etarra. Entonces, el primer ministro británico le recomendó al ejecutivo español lo siguiente: No permitáis que ETA deje las armas sin que tenga eco en la sociedad, sin que este trascendental hecho se escenifique. Debe haber muestras visibles de ello. Se debe saber que esta victoria ha sucedido y que ha sido gracias a la acción del Estado español, la contundencia de la sociedad y la determinación del Estado de Derecho, pues una derrota sin vencidos, es una victoria de los perdedores.

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Muchas gracias por llegar hasta aquí.

PD: Mil gracias, especialmente, a esos hombres y mujeres buenos y buenas de SCC que tanto nos han arropado en esta sonada lucha. Un abrazo.

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Un comentario en “Los Joves de SCC hemos vuelto a ganar la batalla a los violentos. Cinco de cinco.

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